La congelación o criopreservación de
embriones es un proceso complejo que consiste en enfriar los embriones hasta temperaturas muy bajas durante largos períodos de tiempo con el objetivo de respetar su integridad física y funcional. Esta complejidad viene dada básicamente por el proceso congelación-descongelación que sufren los embriones cuando quieran ser usados.
Los embriones pueden ser congelados en distintos momentos de su desarrollo, pero no todos tienen la viabilidad suficiente para ser congelados. Normalmente se congelan sólo aquellos que presentan una buena morfología, ya que aquellos que son irregulares o presentan una fragmentación moderada o severa raramente superan el proceso de descongelación.
Se suele realizar una congelación embrionaria con los embriones restantes no transferidos en una
FIV. También cuando por circunstancias la paciente puede no estar en una situación favorable para la implantación embrionaria o esté expuesta a un excesivo riesgo de salud en caso de
transferencia embrionaria.
El proceso de congelación consta de tres fases:
1. Sustitución del agua intracelular del embrión por una sustancia
crioprotectora. Se introducen unas pajitas especiales diseñadas para este uso (llamadas pajuelas) y se identifican mediante unas varillas de colores y unos códigos de cifras y letras.
2. Enfriamento del embrión. Colocando las pajuelas en el interior de un congelador automático programable donde procederán a una lenta congelación.
3. Culmina el proceso cuando se depositan las pajuelas que contienen los embriones en unos contenedores (llamados Bancos de Embriones) con
nitrógeno líquido a una temperatura de -196ºC, hasta el momento de su descongelación.
Se considera que un embrión resiste el proceso cuando al menos una de sus
células permanece intacta. Es muy importante constatar que el embrión además de resistir la descongelación sigue dividiéndose después de ser congelado y descongelado. De hecho es lo que indica si un embrión es evolutivo.
Las tasas de embarazo por transferencia con embriones criopreservados son ligeramente inferiores a los embriones frescos. El tratamiento para la paciente es sencillo, cómodo y corto. No precisa la administración de inyecciones (sólo unos parches y comprimidos vaginales) y se prolonga unas dos semanas. No precisa controles frecuentes ya que no se realizan análisis de sangre y no suele ser necesaria más de una
ecografía.
También es posible la recepción de embriones procedentes de una donación anónima. Es un tratamiento indicado para todas aquellas mujeres o parejas que desean lograr un embarazo pero que no es posible mediante sus
gametos femeninos y masculinos.
El procedimiento de la adopción de embriones es muy interesante porque aporta grandes beneficios: permite que la madre receptora viva desde el primer instante la
gestación, el parto y la lactancia del futuro bebé, también permite que parejas que están en lista de espera y en farragosos y largos trámites de adopción puedan ver realizado el sueño de ser padres de forma rápida y permite también dar salida a embriones que permanecen congelados.
Normalmente una mujer receptora debe someterse a un tratamiento hormonal sustitutivo con la finalidad de proporcionar una buena receptividad endometrial y facilitar así la implantación. Este tratamiento hormonal se basa en la administración de
estrógenos (por vía oral o transdérmica) y progesterona (vía oral o vaginal). Son dos
hormonas fabricadas por los ovarios que inducen el crecimiento y maduración del
endometrio para hacer posible el embarazo.
Los costes de un ciclo de recepción de embriones de donante son inferiores a los de una
FIV debido a que este proceso no requiere una
estimulación ovárica, recuperación ovocitaria, microinyección o inseminación de óvulos. El tratamiento es rápido, cómodo y poco invasivo.
Las características de la donante son las mismas que ha de tener una donante de óvulos, al igual que todos los requisitos que una donación de este tipo requiere.