El aborto de repetición es uno de los problemas ginecológicos que resulta más frustrante para la pareja y se define como la pérdida espontánea de dos o más
gestaciones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como la interrupción espontánea del embarazo antes de la semana 21 de gestación y que acaba con la muerte y expulsión de un
feto de ≤500gr de peso.
Este tipo de
abortos, certificados clínicamente mediante análisis hormonales o
ecografías, son la complicación más frecuente del embarazo, produciéndose en un 15% de las gestaciones. Cuantos más abortos consecutivos se produzcan más posibilidades habrá que exista una patología que los origina, siendo así más probable que se vuelva a producir, en caso de nuevo embarazo, la pérdida gestacional.
Existen una serie de causas que pueden ser responsables de este tipo de abortos:
Anomalías cromosómicas Cuanto más precoz es el aborto mayor es la posibilidad a que se deba a una alteración
cromosómica. Cabe destacar que alrededor del 60% de los abortos de repetición son de causa
genética.
Principalmente hay dos situaciones que llevan a la formación de
espermatozoides y
óvulos anómalos cromosómicamente, y por tanto también a la formación de
embriones anómalos. La primera es cuando algún miembro de la pareja es portador de alguna alteración cromosómica equilibrada. Este tipo de alteración se diagnostica mediante un
cariotipo. Y la segunda es cuando la dotación cromosómica de todas las
células del cuerpo es normal pero la reducción de cromosomas (
meiosis) se lleva a cabo irregularmente. Esta situación sólo es posible valorarla en el varón mediante la realización de una
biopsia testicular.
Cuando ocurre que alguno de los cónyuges es portador de una anomalía cromosómica es habitual que se realice un tratamiento de
fecundación in Vitro con diagnóstico genético preimplantacional (FIV-DGP). Este tratamiento permite realizar una selección de aquellos embriones sanos transfiriéndolos a la
cavidad uterina. Pero también es posible, según sea el portador de la anomalía (varón o mujer) realizar un tratamiento de
FIV con semen de donante o un tratamiento de
FIV con óvulos de donante.
Alteraciones anatómicas del útero Son malformaciones del
útero. Pueden verse involucradas tanto el cuello del útero como su cuerpo, ya sea porque falte una porción de este órgano o porque posea el llamado septo uterino (presencia de una pared que lo divide en dos compartimentos).
Factores endocrinos Las patologías endocrinas más recurrentes suelen ser la insuficiencia de la
fase lútea, el síndrome del
ovario poliquístico, niveles elevados de la hormona prolactina, la
diabetes y los
trastornos tiroideos graves.
El tratamiento será específico en cada caso y se basará en corregir los niveles hormonales administrando fármacos que modulen o bien suplan el déficit absoluto o relativo de las
hormonas pertinentes.
Factores infecciosos Suelen localizarse a nivel del
embrión o
feto, a nivel de tejido placentario o a nivel endometrial (
endometritis). A través de
estudios serológicos en sangre y los cultivos de los órganos afectos se puede saber qué agente infeccioso es el causante y cuál es el mejor antibiótico.
Factores inmunes Por causa desconocida en la sangre materna se forman anticuerpos que generan la muerte del embrión. Estos pueden ser de origen autoinmune (componentes de la propia biología corporal) o de origen aloinmune (rechazo del componente antigénico del feto procedente del cónyuge).
Factores de la coagulación Son pérdidas fetales causadas por anomalías en los factores de coagulación debidas especialmente a deficiencias en sustancias
antitrombinas en sangre, formándose coágulos en el territorio vascular que impiden un desarrollo correcto del lecho placentario. Cuando esto ocurre se suele medicar a la paciente con
heparina durante toda la
gestación bajo unos controles muy estrictos.
Factores ambientales Son también un riesgo incrementado de la pérdida del embarazo el consumo excesivo de café y alcohol, el tabaquismo, la exposición a gases anestésicos y el tetracloroetileno (líquido incoloro, pesado y no inflamable, que normalmente es usado como disolvente en limpieza de textiles y metales).