Es un método diagnóstico que permite una visión directa del
canal cervical y de la cavidad uterina mediante la introducción de una videocámara endoscópica de 4mm de diámetro a través del
cuello uterino. Para visualizar correctamente estas zonas es necesario introducir un fluido, que puede ser líquido o gaseoso, que provoca la distensión de la cavidad.
Esta exploración suele realizarse a partir de los resultados de otras pruebas. Normalmente, se lleva a cabo para conocer las causas de distintos trastornos (ciclos menstruales anormalmente abundantes o prolongados, sangrados fuera del período menstrual, sangrados posmenopáusico) y también cuando se tiene alguna dificultad para conseguir un estado de
gestación o para llevar a buen término un embarazo.
Hay que tener en cuenta, que esta prueba está totalmente contraindicada a todas aquellas mujeres que estén en estado de gestación o que tengan antecedentes de reciente infección pélvica aguda o de repetición activada por alguna técnica diagnóstica semejante.
Para su ejecución, conviene que la paciente esté en la primera fase del ciclo, es decir, una vez finalizada la regla y antes de ovular. Además, se puede realizar anestesia local del cuello del útero y habiendo subministrado algún relajante o tranquilizante a la paciente.
Como técnica endoscópica que es, la histeroscopia nos permite por una parte, diagnosticar la existencia o no de patología
endometrial o cervical (expuesto anteriormente), y por otra, tratar el problema quirúrgicamente.
En la histeroscopia operatoria o quirúrgica, el calibre del
histeroscopio es mayor (unos 9mm) para permitir el paso del instrumental quirúrgico. Esta técnica precisa, por lo tanto, realizarse en quirófano y con la ayuda de anestesia local o general.
Siendo una técnica que comporta poco riesgo, siempre puede haber alguna complicación tal como infección o sangrado, perforación o desgarro en la pared uterina, daño en los órganos internos, problemas con la anestesia o cicatrices en el
útero.